Goza de la compañía
de los locos,
pues de cuerdo dan muy pocos
alegría.
(Sales Españolas)

EL SIGLO DE ORO EN ESPAÑA

Leer o contar historias de locos era una forma de entretenimiento muy usual en la España de los Siglos XVI y XVII. Por ello, cuentos orales, libros de caballerías, novelas y, sobre todo, los pequeños y variados volúmenes de literatura miscelánea que recogía dichos y hechos memorables están llenos de los mas sorprendentes, tristes y graciosos casos de locura.

La mayoría de los españoles del momento se contentaban con leer u oír esos cuentecillos de hombres sin seso de que tanto gustaban y que andaban mezclados en su imaginación con las mas increíbles historias de gigantes y de enanos, de ancianos longevos y de niños precoces, de mujeres fuertes y de caballeros cobardes, de partos monstruosos y de hermanos idénticos, de hermafroditas y de barbudas, de herencias no pensadas y de muertes desastradas, hasta completar un catalogo de maravillas sin fin que era el reino de los prodigios, alimentado por una insaciable fascinación general por la sorpresa que provocaba lo que era distinto, lo que rompía el orden natural de las cosas.

Solo los reyes y los grandes nobles podían permitirse entretenerse manteniendo en sus casas los mas diversos, extraños e infelices individuos, pero su afición por ellos, mezcla de rechazo y fascinación, era compartida por todos en aquella época. Los hombres de placer, los bufones, los enanos, eran descomunales, estaban en la tierra de nadie, que se situaba mas allá del orden y las reglas.

Jugar con los loquillos y enanos fue una diversión muy habitual en palacio, al menos así se desprende de las cuentas de los tesoreros reales en los que menudean las libranzas ordenando que se les haga entrega de diversas cantidades ganadas a los dados, en rifas, a los bolos, a los trucos, a los naipes.

No es fácil encontrar un denominador común a todos los integrantes de esta variopinta cohorte de personajes que formaron la gente de placer de palacio: en principio, la deformidad, mental o física, parecería el triste rasgo diferenciador en torno al cual todos ellos se habían unido, sino fuera por la existencia de locos por artificio, que estaban mas cerca de los graciosos profesionales que de las personas que realmente habían perdido el juicio.

El primer requisito para pasar a formar parte de la colección de prodigios era la ingrata fortuna de poseer algún rasgo que hiciera absolutamente distinto al que lo tuviera, convirtiéndolo en un ser fuera de lo común, inusual, no visto y, por lo tanto, mas apreciado, habida cuenta de cuales eran los particulares gustos de una época fascinada por lo que debería repelerle, deseosa de tener lo que le aterraba, seducida por era su misma negación.

El examen de prodigio para palacio debía buscar seres imposibles en el mundo cortesano (en teoría elegante y circunspecto). Seres que por su imperfección fueran la excepción que resaltara la dignitas que debía imperar en la corte real, ultimo y perfecto circulo de una sociedad que se imaginaba a si misma bien ordenada y armónicamente construida.

Sin embargo, todos ellos, locos reales o fingidos, y deformes físicos, estaban unidos por la función que desempeñaban en palacio y que no era otra que la de provocar la risa y ser objeto de las pullas de los cortesanos.

Para los placenteros que poblaban el palacio ser burlado de nombre y de obra era una realidad mas que cotidiana, incluso un ingrediente de su particular oficio de hazmerreír, de provocar la risa ajena a costa del ridículo propio. Y la burla, tantas veces repetida, partía ya de la costumbre de llamarlos con nombres de bestezuelas: gorrión, golondrina, liebre, pulga, rana, mosca, etc., hasta llegar al infamante apelativo de sabandijas del Arca de Noé que, por antonomasia, solía dárseles. Este era el animalillo imperfecto de los que se crían de la putrefacción y humedad de la tierra, pero también aquella "persona pequeña, despreciable por su forma, acciones o estado" que termino por identificar a la gente de placer que entretenían a reyes y nobles de las cortes.

El referirse a alguien con un nombre de animal era reducirlo a la brutalidad propia de las bestias, seres imperfectos que se encontraban en un lugar inferior al hombre racional dentro de la gran cadena que, según la cosmovision de la Alta Edad Moderna, daba orden y jerarquía a todos los seres de la creación. La cadena se extendía desde el pie del trono de Dios hasta el ultimo de los objetos inanimados. Cada partícula de la creación era un eslabón de la cadena, y cada eslabón, salvo los de los extremos, era simultáneamente mayor y menor que los demás, no podía haber interrupciones. Sin solución de continuidad la creación pasaba de un eslabón a otro de la cadena de los seres, mediante formas de transición: en el caso de racionales y brutos, el mejor de los animales anticipaba al hombre, el mas desvalido de los humanos recordaba a las bestias.

Esta diferencia que llevaba aparejado teñirse del valor de lo extraordinario podía ser física y consistir de una anormalidad del cuerpo: gigantismo, obesidad, enanismo, o bien, una apariencia que, sin ser deformidad, fuera contraria a los estereotipos habituales: mujeres barbudas, niñas encrespadas.

También podía diferenciarse por la falta de algo considerado esencial en el hombre: el juicio o la inteligencia, lo que lleno el palacio de locos, aunque los dementes admitidos en la corte nunca debían estar afectados por los violentos ataques que se llamaban furias. Los locos palaciegos se atreven, incluso, a remedar las voces y los gestos de cualquiera, llegando a fingirse clérigos o aristócratas.

Como en un juego de espejos, estos seres descomunales, faltos o excesivos, afirman en los otros la normalidad que su cuerpo o su mente están negando. Con su descompostura son, involuntariamente, símbolos, emblemas de la perfección de que carecen y que, sin embargo adorna a reyes, nobles y cortesanos que, a su lado, parecen aun mas majestuosos y pulidos.

En principio, la indignitas de los truhanes en palacio era triple: de origen, de oficio y de conducta. Todos ellos son denominados gente baja, es decir no hidalga, y muchos tienen una clara ascendencia de cristianos nuevos (judíos conversos).

Locos y enanos estaban rodeados de un halo de ambigüedad. En principio esto parece relacionarse con la tradicional equiparación de lo femenino con el desvarío o la debilidad y lo masculino con el sano juicio, de forma y modo que, como el buey era un toro bobo (según se creía), no extrañaba que también un hombre sin seso fuera capón.

El oficio de buen humor o de graciosos era el atributo de truhanes y chocarreros, personas que con sus graciosos gestos y palabras de burla y risa y desmanes, decían dar regocijo a las personas con quienes trataban y conversaban. Eran también conocidos por bufón, nombre con el que se llamaba al que fingía ser loco en palacio. No se desviven por la honra, ni por el dinero, ni van a la guerra, ni son vasallos, ni pagan tributos ni pleitean. Tantas eran las ventajas de la locura, que daba sustento a los truhanes para su simulación.

La prodigalidad y la locura eran dos nociones que habían quedado unidas ya en el Derecho Común, en concreto en un titulo del Digesto, que trata del curador que ha de ser nombrado por tutelar los bienes de un prodigo, porque el despilfarrador, como en el caso de los locos, "no es capaz de llevar cuenta del tiempo y limite de sus gastos". En las Siete Partidas, Ley XIII, Titulo XVI, Partida VI, se ordena a los locos o desmemoriados se les ponga curador como a los menores.

En la dádiva reciproca que era intercambiada entre amo y hombre de placer, este ponía toda la diversión de que era capaz, no solo la adulación, y aquel la recompensa, que podía consistir en regalos, la merced de alguna ración (pensión por alimentos) y, mas generalmente, alguna prenda de vestido o tela para cortarlas. Nada hay de sorprendente en esta manera de remuneración, pues era una forma muy extendida de pagar los servicios de los criados, incluso habría que decir que era la formula tradicional.

En el dar placer, siempre se asocio a juglares y cortesanas. En el refranero popular se refleja la comparación de los truhanes y las meretrices: "A la puta y al juglar, a la vejez les viene el mal" (posiblemente en alusión a la sífilis), y que se repite en el apelativo de juglar que se da a la mujer que "por dar gusto hizo plato a si misma a todo apetito".

Parece que la costumbre de mantener locos en palacio se remontaba a la necesidad de tenerlos recluidos en fortalezas o castillos antes de que empezaran a surgir las primeras fundaciones dedicadas especialmente a su custodia. Aunque esto fuera así en un principio, su cotidiana presencia en la corte no tuvo que ver con su cuidado o vigilancia, sino que fue consecuencia de la "fama de la locura" y de la aureola mítica con que esta fue rodeada por el mundo bajomedieval y el humanista.

En teoría, la edificante causa de este "elogio de la locura" puesto en practica, no fue otra cosa que suponer que el rey oiría la verdad a través de los locos, cuya inocencia, a veces inspirada por Dios, los habría hecho inmunes a cualquier tipo de intereses particulares sin que por ello estuvieran reducidos al estado de los necios, estos si desterrados de palacio. Verdades de loco, espinosas como erizos de castañas, ásperas como almendras amargas, pero quien los come halla una dulzura amarga una amargura dulce.

La relación de las comidas con la diversión era todo un tópico, que "a descansar de racionales van los hombres a los convites". El por que de que las risas fueran tan frecuentes, e incluso recomendadas por benéficas al comer, se explica en el Tratado del Alma de Luis Vives: "por la alegría y la delectación se dilata el corazón, con cuyo movimiento se extiende el rostro y en parte contigua a la boca que llamamos laringe, de donde viene la risa. Además, internamente, esta se origina en el diafragma, donde se halla en asiento principal de la hilaridad, como se observa en el cosquilleo de los sobacos, donde va a parar". La risa es la huella de la alegría y el gozo y "estos limpian la sangre con su calor, afirman la salud y provocan un color resplandeciente y agradable. Según dice el Rey Sabio: Un corazón alegre sirve de medicina, un espíritu triste desea los huesos".

El humanista español Vives (1492-1540), pide que los locos sean tratados con caridad y que se les alimente e instruya bien. (La locura a través de los tiempos)

Platon distinguía cuatro almas: 1º. el principio inmortal del animal mortal, ajeno al cuerpo, pero que ordena su estructura, encerrado en el cráneo; 2º. el alma de las pasiones, situada en el tórax, por encima del diafragma, pero que se podía comunicar con el alma inmortal por el istmo del cuello; 3º. el alma de la nutrición, situado por debajo del diafragma, inaccesible al razonamiento; 4º. El alma de la conjunción carnal, situado por debajo del ombligo.

A esta teoria se opone la de Aristoteles, que admite la existencia de una sola alma localizada en el corazon y da el nombre de facultades del alma a las partes separadas o almas de Platon.

De estos conceptos surgen indiscutiblemente interpretaciones de la locura, pero los primeros documentos psiquiatricos se encuentran en las obras de Hipocrates. La mania, la phrenitis y la afeccion melancolica, resumen todos los conocimientos psicopaticos de Hipocrates, auqneu tambien hay referencias al delirio, que divide en delirio alegre y delirio serio, vinculados casi exclusivamente a los estados febriles.

Los autores hipocraticos agregarona estas entidades nosologicas otros dos grandos sindromes cerebrales: la epilepsia, o enfermedad sagrada, y la aplopejia, que no separaban de las enfermedades mentales, porque "la mania se presenta algunas veces en la apoplejia y la melancolia y la epilepsia presentan causas comunes".

La etiologia de las enfermedades, en general, se vincula a la influencia telurica (estaciones, clima, temperatura), al regimen de vida, a la alimentacion. Asimismo, las enfermedades mentales se vinculan a las estaciones: la mania, melancilia y epilepsia, aparecen en primavera y en otono, mientras que la phrenitis predomina en el invierno.

Surge la teoria humoral, que admite cuatro humores en el cuerpo del hombre: la sangre, la pituita, la bilis amarilla y la bilis negra. Cuando estos elementos se encuentran en una exacta proporcion de clase, fuerza y cantidad, y su mezcla es perfecta, existe la salud, pero cuando se pierde ese equilibrio o uno de esos humores no se combina con los otros, aparece la enfermedad.

Celso, al clasificar las enfermedades mentales, toma de Hipocrates nada mas que la patogenia de la melancolia. Procede con espiritu practico y aplica el criterio clinico. Por eso distingue la phrenitis del delirio febril, y las alucinaciones son el sintoma basico de su tercer especie de locura.

Areteo de Cappadoce ha sido considerado como el primer autor psiquiatrico. Tomo la teoria humoral de Hipocrates, a quien cita, y sus conceptos son resultado directo de la gran cantidad de alienados que observo. Sus ideas sobre la mania y la melancolia son originales y aceptadas por todos los psiquiatras hasta el siglo XVIII.

Galeno, influenciado por Aristoteles e inspirado por Platon, al estudiar a Hipocrates, supo aumentar el prestigio de la obra de este. Los arabes fueron compiladores de esta obra, y sus libros sirvieron para las primeras traducciones latinas.

Paracelso, en el siglo XVI (1526-1541), preconiza la medicacion quimica y atrae la atencion sobre ella. Pretende, asimismo, dar una explicacion quimica de la vida.

Vesalio, en su tratado de anatomia publicado en 1543, refuta las ideas de Galeno e inicia una corriente fecunda de observacion.

Ambrosio Pare hizo una exposicion detallada y clara de la doctrina humoral de Hipocrates, distinguiendo: 1º. el hombre sanguineo, en el que predomina ese humor, es moderado, rojo, alegre y agradable; 2º. El hombre flematico, cachaciento, perezoso y gordo; 3º. El hombre colerico, de color cetrino, cuerpo delgado y debil, muy velludo, rapido y vigilante; 4º. El hombre melancolico, de rostro obscuro, con mirada inconstante, triste, tiene suenos espantosos, que impresionan a causa de los vapores fuliginosos del humor melancolico que suben al cerebro.

Thomas Willis domino la neuropsiquiatria durante el siglo XVII, y aconsejaba la hospitalizacion para proteger a la sociedad.

A estos conocimientos, a la clasificacion clasica y racional de los antiguos, se unio el peso de la supersiticion, agregando la etiologia demoniaca de la locura.

La existencia de alienados en promiscuo y peligroso contacto con la sociedad, impedia su estudio metodico y serio. Por regla general, iban a parar a las carceles, o eran victimas de las mortales condenas de la Inquisicion. (Beltran)

En la teoría de los humores y de los elementos, que era predominante en los siglos XVI y XVII, la alegría se relacionaba con el humor sanguíneo y el elemento aéreo con los que compartía las cualidades de humedad y calor. La tristeza en cambio, concordaba con la melancolía y la tierra y, como ellas, los tristes están fríos y secos. Por ultimo se suponía que el pesado oficio real llevaba aparejada la melancolía, según Aristóteles, el estado egregio por excelencia que gozaban y sufrían "todos los hombres extraordinarios que se destacan en la filosofía, la política, la poesía y las artes". La expresión de la alegría que era la risa se necesitaba para hacer mas ligero el peso que debían soportar los melancólicos reyes.

La patología "clásica" de los griegos, la de Hipocrates y Galeano, consistia en la teoría humoral, o sea, de los cuatro humores. El cuerpo esta compuesto de cuatro jugos o "humores": sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema, que corresponden respectivamente a los cuatro elementos: aire, fuego, tierra y agua. Cada humor es combinación de dos de las cuatro cualidades: cálido, húmedo, seco, frío. En cada uno de los cuatro temperamentos (sanguíneo, colérico, bilioso y flemático) predomina uno de los humores. Todas las enfermedades resultan de una perturbación en el equilibrio humoral, por el exceso o la corrupción de uno de los humores. La melancolía, por ejemplo, es una enfermedad producida por la hipotética "bilis negra". (Breve Historia de la Psiquiatría)

La correspondencia completa que se establecía entre los cuatro humores hipocráticos era el siguiente:

Elemento Humor Temperamento Cualidad común
Tierra Bilis negra Bilioso/Melancolico Frialdad y sequedad
Agua Flema Flematico Frialdad y humedad
Aire Sangre Sanguineo Calor y humedad
Fuego Bilis amarilla Colerico Calor y sequedad

El verde era un color por lo general asociado a la indumentaria típica de la alegría y la locura. Dar vestidos era una forma muy tradicional y nada sorprendente de remunerar a los criados y entre ellos a los hombres de placer. Color de la alegría, de la juventud y de la locura, el verde era color bufonesco por excelencia. Aparece por todas partes: en medias, ligas, toquillas de sombrero, mangas, jubones, ropillas, calzones, etc. En el uso del gorro de cuernos, típico de la iconografía bufonesca, se encuentra una alusión a la debilidad del hombre que ha sido burlado por su mujer o que ha consentido su propio engaño.

Una forma habitual de reclutar a estos inspirados locos para palacio era traerlos de las instituciones que para su reclusión se habían fundado en hospitales de algunas ciudades españolas, aunque los enfermos mentales solían ser confinados en cárceles comunes, y visitarlos parece haber sido una parada obligada para muchos viajeros de toda Europa y en donde, a cambio de una generosa limosna. llevaban dementes para diversión de reyes y nobles.

Debe tenerse en cuenta que la muy empírica medicina de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna estuvo indisolublemente ligada a la religión, particularmente a la católica. Poca gente mas que los sacerdotes sabían leer como para tener acceso a las fuentes que almacenaban los precarios conocimientos de la época. Por otra parte, era tarea especifica de los religiosos cuidar de enfermos, vagabundos y menesterosos como expresión tangible de la caridad cristiana y deber irrenunciable de su ministerio. (Salud Publica)

El Renacimiento es época de profundas contradicciones. Junto a la despiadada persecución de psicópatas tildados de hechiceros, observamos por todas partes señales de una profunda compasión hacia los desdichados enfermos. Esto se manifiesta en el establecimiento de numerosas instituciones para enfermos mentales, particularmente en España, que por entonces vivía su "edad de oro" en el orden de la medicina y de la civilización en general, y donde mas vigorosamente influyo el ejemplo árabe. Instituciones de este tipo se crearon en Sevilla, Zaragoza y Valencia. Es también característico que en el recién conquistado México, pocas décadas después (1567), el viejo penitente, ex soldado y conquistador Bernardino Alvarez, haya abierto asimismo una de esas instituciones (San Hipolito), la primera de su especie en el continente americano. La misma piadosa comprensión hacia los enfermos mentales se manifiesta además con gran vigor en los escritos del humanista español Juan Luis Vives (1492-1520). (Breve Historia de la Psiquiatría)

Es por España, el mas islamizado país de Europa, por donde penetran las tradiciones de asistencia hospitalaria. El ardor de las ordenes monárquicas, la caridad de los nobles y de los ricos burgueses, los legados de particulares que habían hecho voto de pobreza, produjeron una súbita floración de instituciones caritativas.

Los religiosos de la Orden de la Merced, fundada en el año 1218 para el rescate de cristianos cautivos de los moros, crearon en el año 1409, a imagen de los establecimientos especiales que habían visto en Oriente, el Hospital de Valencia.

Probablemente la orden hospitalaria mas activa es la que funda el joven Juan Ciudad Huarte, convertido después de una vida errante y libertina. Se lanza al estudio de los caracteres y después, preso el mismo de molestias físicas, decide vivir entre locos y ser tratado como ellos. Conocido bajo el nombre de San Juan de Dios da su nombre, en el año 1539, a una orden religiosa hospitalaria que incluso llegaría a conocerse en América: los Hermanos de San Juan de Dios, llamados también Hermanos de la Caridad. Fundan asilos en Granada, Córdoba y en Roma.

En Barcelona, un Hospital fundado en 1229 concede, desde 1412, asilo a los alienados. En 1425 Alfonso V favorece la fundación del asilo de Zaragoza, donde son tratados con bastante atención los enfermos mentales. Se les envía a trabajar los campos y se les procuran ciertas distracciones. En 1436 en Sevilla y en Valladolid, en 1456 en Palma de Mallorca y en 1483 en Toledo, donde un nuncio apostólico cede su propia mansión, los enfermos son socorridos en establecimientos hospitalarios por los eclesiásticos. Los locos, que hasta entonces habían vagado por los campos, que habían estado recogidos en algunos monasterios o vivían y morían fuera de las murallas de la ciudad, comenzaron a recibir atención. En el año 1566 Felipe II los hace ingresar en el Hospital de Madrid.

1409 Casa dels Fols de Valencia

1409

Sevilla
1412 Hospital de Barcelona

1425

Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza
1436 Hospital de los Inocentes de Sevilla
1436 Valladolid
1456 Palma de Mallorca
1483 Casa del Nuncio de Toledo
1489 Hospital de Valladolid
1566 Hospital de Madrid
1567 San Hipolito - Mexico

La Casa dels Fols de Valencia, fundada por Gilabert Jofre, será elegido por Lope de Vega como escenario de dos de sus obras mas conocidas: Los locos de Valencia y El Peregrino en su Patria, donde la fundación valenciana es alabada por "la mayor comodidad de limpieza, aseo y cuidado de aquellos a quien les falta (el seso)".

La desnudez era considerada característica de la locura furiosa. Si rasgarse las ropas y despojarse de ellas es signo del que ha perdido el juicio, el vestirse lo es de que ha sido recuperada la razón. En las instituciones en que estaban recluidos, los locos iban en camisa y si se curaban les eran devueltas sus prendas. Cervantes, en el Quijote, menciona el caso de un loco al que se da por curado en el Hospital de los Inocentes, diciendo que "el se vio vestido de cuerdo y desnudo de loco" al habérsele devuelto sus prendas.

Parece ser que el remedio que se utilizaba con los locos furiosos eran narcóticos, aunque a veces su exceso provocara la muerte.

No hay por que ir a buscar locos y truhanes lejos de la corte: esta los producía por si sola y en gran numero, incluyendo monarcas, nobles y sirvientes.

Antes que ello ocurriera, los monarcas de la Casa de Austria hubieran podido apelar a mas de una de sus herencias familiares para explicar su afición por rodearse de ellos. Juan I de Castilla (Juana la Loca) atacada de locura melancólica. De Felipe III se cuenta que era enfermizo y melancólico. Carlos II (1661-1700), conocido como el Hechizado, era débil, enfermizo y retrasado mental. Con frecuencia era atacado por violentas fiebres que lo postraban en cama; apenas subía a un carruaje, los vómitos lo obligaban a desistir del viaje, y cuando estaba al aire libre le supuraban los ojos. El apelativo que le diera el pueblo se debía a su lamentable estado físico el cual era atribuido a influencias diabólicas.

Cristóbal de Vega, médico de cámara del Infante Don Carlos, hijo de Felipe II, puede pasar por el primer psiquiatra español. En sus obras, publicadas en 1576, se encuentra una minuciosa descripción de la melancolía y de ciertas afecciones maníacas.

La época, el espíritu colectivo y el pensamiento social de toda la Europa de los siglos XVI, XVII y XVIII, estaban dominados, en mayor o menor grado, por la superstición. Una lamentable intransigencia caracterizo los actos de gobierno, inspirado y a veces suplantado por el Tribunal de la Inquisición. Esa fe deformada, que llego a convertirse en superstición intransigente, fue invadiendo todos los aspectos de la cultura de la época, hasta infiltrarse en el criterio medico, influyendo poderosamente en los problemas psiquiátricos.

La creencia en el diablo sirvió de base a esa influencia supersticiosa en la patología mental, y así se formó el grupo de las demonopatias.

Las enfermedades fueron consideradas exclusivamente como pruebas o castigos enviados por Dios. Y como las enfermedades nerviosas y mentales se presentaban con caracteres tan extraordinarios y fantásticos para el pueblo atemorizado por la superstición, se penso que eran el resultado de una influencia diabólica.

Los mismos enfermos aportaron a este concepto falsos elementos de juicio que lo robustecían. En su delirio exteriorizaban la gravitación que sobre su mentalidad habían tenido las ideas colectivas, la superstición y el fanatismo. Atribuían sus padecimientos al diablo, que, algunas veces, actuaba a su alrededor, y otras, se encontraba dentro de su cuerpo. En el primer caso se trataba de una obsesión, en el segundo de una posesión.

Los alucinados afirmaban que uno o varios diablos los amenazaban desde afuera, les hablaban, los perseguían. Este síndrome constituía la demonopatia externa, de obsesión. Otros enfermos habían sido "poseídos" por el diablo que, alojado en sus cuerpos, los convertía en esclavos de su voluntad, quitándoles el control de sus pensamientos. El que habla, grita y piensa es el demonio. El enfermo no puede impedirlo. Este síndrome constituía la demonopatia interna, de posesión.

El tratamiento de estos enfermos era una consecuencia directa de la superstición. Como se les tenia por inocentes víctimas de una irrupción diabólica, se intentaba curarlos con exorcismos y con el auxilio de los sacramentos, suplantando la medicina con el dogma.

En enero de 1481 el Santo Oficio se instala en Sevilla. En 1483: Córdoba, Jaén, Toledo y Villarreal. En 1485: Valladolid, Calahorra, Murcia, Cuenca, Zaragoza y Valencia. En 1487: Barcelona y Mallorca.

Su campo de acción es la defensa de la fe católica, la caza de los herejes, la extirpación del error; le echan la culpa primero a los judaizantes, después, en el siglo XVI, se apuntara a las sectas seudo-misticas, a los protestantes y, nuevamente, a los judaizantes. De forma accesoria, la Inquisición reprimirá también la homosexualidad (el vicio que no tiene nombre, el pecado nefando), la bigamia, los excesos de los sacerdotes, la brujería. Los procedimientos de la Inquisición pueden durar meses o, incluso, años. Las penas que pronuncia pueden ir desde la simple abjuración hasta la muerte en la hoguera pasando por la penitencia, la cárcel, las galeras, la flagelación, el exilio. Todas estas penas van acompañadas por la confiscación de los bienes. (La España de los Reyes Católicos) Treinta muchachas perecieron en las llamas en Calahorra en el año 1507.  Hacia el año 1530, en España, cierto numero de mujeres esparcieron el rumor de que para ellas era suficiente frotarse la piel con excrementos de reptiles o de cuervos para que les fuese otorgada la facultad de elevarse en el aire. Aseguraban que a la noche realizaban estragos abominables entre los animales domésticos y hacían perecer a los niños. Ciento cincuenta de ellas fueron azotadas en Estella y las demás quemadas en Zaragoza.

Los Sanjuanistas

La Primera Orden, Cronológicamente hablando, es la Orden Militar de San Juan de Jerusalem o de Caballeros Hospitalarios. Ya en 1048, medio siglo antes de la primera cruzada, unos mercaderes de Amalfi habian fundado en Jerusalem un hospital bajo la advocación de San Juan Bautista para recoger a los peregrinos que se enfermaban. Esta institucion de caridad prosperó sobre todo desde que llegaron los cruzados de Godofredo de Boullion, el cual hizo grandes grandes donaciones al hosptal, y muchos de sus caballeros se afiliaron a la hermandad hospitalaria, gracias a la cual pudo esta fundar filiales en Italia Y Francia.

Estos hospitalarios tomaron forma de congregación religiosa bajo la Regla de San Agustin, con aprobación de Pascual II, en 1113. Entró a gobernarla el caballero frances Raimundo de Puy quien, hacia 1137, la transformo en Orden Militar, comprometiendose sus integrantes a empuñar las armas en defensa de la religión. El mismo Raimundo de Puy redactó la nueva regla, confirmada por Lucio III en 1184. Al tomar caracter militar, no hicieron otra cosa sino imitar a los Templarios, fundados poco antes.

Los Sacerdotes atendían al culto divino y a la atención de los enfermos en los hospitales, mientras los Caballeros se batían bravamente con los Turcos por la conquista y defensa de Tierra Santa . Al caer en 1291 San Juan de Acre, la última Plaza Fuerte de Palestina, el Gran Maestre, Juan de Villiers, gravemente herido, se retiró con los suyos a la isla de Chipre. Desde allí, el Gran Maestre Fulco de Villaret atacó a Rodas y la conquistó en 1310. Se les dió entonces el nombre de Caballeros de Rodas.

El hecho de no haber abandonado nunca su carácter de hospitalarios, conforme a su cuarto voto de consagrarse en favor de los pobres y en defensa de la fé, les atrajo mucha simpatía.

Los Teutónicos

Esta orden tuvo su origen durante la Tercera Cruzada. Un grupo de peregrinos de Bremen y Lubeck instalaron un hospital en el campamento militar que sitiaba a San Juan de Acre para atender a los soldados y peregrinos enfermos de habla alemana. En la esperanza de reconquistar pronto la ciudad de Jerusalén y de establecerse allí, se llamó "Hospital de Nuestra Señora de los Alemanes de Jerusalén".

En 1191, Clemente III aprobó aquella asociación sobre la base de las reglas de los Sanjuanistas, a los que se parecían en gran manera. Llevaban capa blanca, como los templarios pero con una cruz negra. Desde 1198 se enfatizó su carácter militar, quedándole subordinado el hospitalario. Una de sus campañas militares más brillantes fue la del asedio de Damieta en 1219. El Gran Maestre de la Orden Teutónica, Hermann de Salza, fue elevado por Federico II a la dignidad de Príncipe del Imperio. Poco después el Gran Maestre, juzgando quizás, que Tierra Santa, tarde o temprano, estaba destinada a ceder ante el Islam, lanzo su Orden a la conquista de la Prusia pagana, empresa que demandaría mas de cincuenta años, y acabaría con la conversión de los Prusianos al Cristianismo.

Esta Orden conocería un tristísimo fin. En 1525, su Gran Maestre, Alberto de Branderburgo, se hizo Luterano, convirtiéndose el gran territorio por el gobernado en un Ducado laico y protestante. Así terminó la historia de dicha Orden, si bien una rama católica perduró en Mergentheim y luego en Austria, y otra protestante en los Países Bajos.