Goza de la compañía
de los locos,
pues de cuerdo dan muy pocos
alegría.
(Sales Españolas)
EL
SIGLO DE ORO EN ESPAÑA
Leer
o contar historias de locos era una forma de
entretenimiento muy usual en la España de los Siglos
XVI y XVII. Por ello, cuentos orales, libros de
caballerías, novelas y, sobre todo, los pequeños y
variados volúmenes de literatura miscelánea que
recogía dichos y hechos memorables están llenos de
los mas sorprendentes, tristes y graciosos casos de
locura.
La
mayoría de los españoles del momento se contentaban
con leer u oír esos cuentecillos de hombres sin seso
de que tanto gustaban y que andaban mezclados en su
imaginación con las mas increíbles historias de
gigantes y de enanos, de ancianos longevos y de
niños precoces, de mujeres fuertes y de caballeros
cobardes, de partos monstruosos y de hermanos
idénticos, de hermafroditas y de barbudas, de
herencias no pensadas y de muertes desastradas, hasta
completar un catalogo de maravillas sin fin que era
el reino de los prodigios, alimentado por una
insaciable fascinación general por la sorpresa que
provocaba lo que era distinto, lo que rompía el
orden natural de las cosas.
Solo
los reyes y los grandes nobles podían permitirse
entretenerse manteniendo en sus casas los mas
diversos, extraños e infelices individuos, pero su
afición por ellos, mezcla de rechazo y fascinación,
era compartida por todos en aquella época. Los
hombres de placer, los bufones, los enanos, eran
descomunales, estaban en la tierra de nadie, que se
situaba mas allá del orden y las reglas.
Jugar
con los loquillos y enanos fue una diversión muy
habitual en palacio, al menos así se desprende de
las cuentas de los tesoreros reales en los que
menudean las libranzas ordenando que se les haga
entrega de diversas cantidades ganadas a los dados,
en rifas, a los bolos, a los trucos, a los naipes.
No es
fácil encontrar un denominador común a todos los
integrantes de esta variopinta cohorte de personajes
que formaron la gente de placer de palacio: en
principio, la deformidad, mental o física,
parecería el triste rasgo diferenciador en torno al
cual todos ellos se habían unido, sino fuera por la
existencia de locos por artificio, que estaban mas
cerca de los graciosos profesionales que de las
personas que realmente habían perdido el juicio.
El
primer requisito para pasar a formar parte de la
colección de prodigios era la ingrata fortuna de
poseer algún rasgo que hiciera absolutamente
distinto al que lo tuviera, convirtiéndolo en un ser
fuera de lo común, inusual, no visto y, por lo
tanto, mas apreciado, habida cuenta de cuales eran
los particulares gustos de una época fascinada por
lo que debería repelerle, deseosa de tener lo que le
aterraba, seducida por era su misma negación.
El
examen de prodigio para palacio debía buscar seres
imposibles en el mundo cortesano (en teoría elegante
y circunspecto). Seres que por su imperfección
fueran la excepción que resaltara la dignitas que
debía imperar en la corte real, ultimo y perfecto
circulo de una sociedad que se imaginaba a si misma
bien ordenada y armónicamente construida.
Sin
embargo, todos ellos, locos reales o fingidos, y
deformes físicos, estaban unidos por la función que
desempeñaban en palacio y que no era otra que la de
provocar la risa y ser objeto de las pullas de los
cortesanos.
Para
los placenteros que poblaban el palacio ser burlado
de nombre y de obra era una realidad mas que
cotidiana, incluso un ingrediente de su particular
oficio de hazmerreír, de provocar la risa ajena a
costa del ridículo propio. Y la burla, tantas veces
repetida, partía ya de la costumbre de llamarlos con
nombres de bestezuelas: gorrión, golondrina, liebre,
pulga, rana, mosca, etc., hasta llegar al infamante
apelativo de sabandijas del Arca de Noé que, por
antonomasia, solía dárseles. Este era el animalillo
imperfecto de los que se crían de la putrefacción y
humedad de la tierra, pero también aquella
"persona pequeña, despreciable por su forma,
acciones o estado" que termino por identificar a
la gente de placer que entretenían a reyes y nobles
de las cortes.
El
referirse a alguien con un nombre de animal era
reducirlo a la brutalidad propia de las bestias,
seres imperfectos que se encontraban en un lugar
inferior al hombre racional dentro de la gran cadena
que, según la cosmovision de la Alta Edad Moderna,
daba orden y jerarquía a todos los seres de la
creación. La cadena se extendía desde el pie del
trono de Dios hasta el ultimo de los objetos
inanimados. Cada partícula de la creación era un
eslabón de la cadena, y cada eslabón, salvo los de
los extremos, era simultáneamente mayor y menor que
los demás, no podía haber interrupciones. Sin
solución de continuidad la creación pasaba de un
eslabón a otro de la cadena de los seres, mediante
formas de transición: en el caso de racionales y
brutos, el mejor de los animales anticipaba al
hombre, el mas desvalido de los humanos recordaba a
las bestias.
Esta
diferencia que llevaba aparejado teñirse del valor
de lo extraordinario podía ser física y consistir
de una anormalidad del cuerpo: gigantismo, obesidad,
enanismo, o bien, una apariencia que, sin ser
deformidad, fuera contraria a los estereotipos
habituales: mujeres barbudas, niñas encrespadas.
También
podía diferenciarse por la falta de algo considerado
esencial en el hombre: el juicio o la inteligencia,
lo que lleno el palacio de locos, aunque los dementes
admitidos en la corte nunca debían estar afectados
por los violentos ataques que se llamaban furias. Los
locos palaciegos se atreven, incluso, a remedar las
voces y los gestos de cualquiera, llegando a fingirse
clérigos o aristócratas.
Como
en un juego de espejos, estos seres descomunales,
faltos o excesivos, afirman en los otros la
normalidad que su cuerpo o su mente están negando.
Con su descompostura son, involuntariamente,
símbolos, emblemas de la perfección de que carecen
y que, sin embargo adorna a reyes, nobles y
cortesanos que, a su lado, parecen aun mas
majestuosos y pulidos.
En
principio, la indignitas de los truhanes en palacio
era triple: de origen, de oficio y de conducta. Todos
ellos son denominados gente baja, es decir no
hidalga, y muchos tienen una clara ascendencia de
cristianos nuevos (judíos conversos).
Locos
y enanos estaban rodeados de un halo de ambigüedad.
En principio esto parece relacionarse con la
tradicional equiparación de lo femenino con el
desvarío o la debilidad y lo masculino con el sano
juicio, de forma y modo que, como el buey era un toro
bobo (según se creía), no extrañaba que también
un hombre sin seso fuera capón.
El
oficio de buen humor o de graciosos era el atributo
de truhanes y chocarreros, personas que con sus
graciosos gestos y palabras de burla y risa y
desmanes, decían dar regocijo a las personas con
quienes trataban y conversaban. Eran también
conocidos por bufón, nombre con el que se llamaba al
que fingía ser loco en palacio. No se desviven por
la honra, ni por el dinero, ni van a la guerra, ni
son vasallos, ni pagan tributos ni pleitean. Tantas
eran las ventajas de la locura, que daba sustento a
los truhanes para su simulación.
La
prodigalidad y la locura eran dos nociones que
habían quedado unidas ya en el Derecho Común, en
concreto en un titulo del Digesto, que trata del
curador que ha de ser nombrado por tutelar los bienes
de un prodigo, porque el despilfarrador, como en el
caso de los locos, "no es capaz de llevar cuenta
del tiempo y limite de sus gastos". En las Siete
Partidas, Ley XIII, Titulo XVI, Partida VI, se ordena
a los locos o desmemoriados se les ponga curador como
a los menores.
En la
dádiva reciproca que era intercambiada entre amo y
hombre de placer, este ponía toda la diversión de
que era capaz, no solo la adulación, y aquel la
recompensa, que podía consistir en regalos, la
merced de alguna ración (pensión por alimentos) y,
mas generalmente, alguna prenda de vestido o tela
para cortarlas. Nada hay de sorprendente en esta
manera de remuneración, pues era una forma muy
extendida de pagar los servicios de los criados,
incluso habría que decir que era la formula
tradicional.
En el
dar placer, siempre se asocio a juglares y
cortesanas. En el refranero popular se refleja la
comparación de los truhanes y las meretrices:
"A la puta y al juglar, a la vejez les viene el
mal" (posiblemente en alusión a la sífilis), y
que se repite en el apelativo de juglar que se da a
la mujer que "por dar gusto hizo plato a si
misma a todo apetito".
Parece
que la costumbre de mantener locos en palacio se
remontaba a la necesidad de tenerlos recluidos en
fortalezas o castillos antes de que empezaran a
surgir las primeras fundaciones dedicadas
especialmente a su custodia. Aunque esto fuera así
en un principio, su cotidiana presencia en la corte
no tuvo que ver con su cuidado o vigilancia, sino que
fue consecuencia de la "fama de la locura"
y de la aureola mítica con que esta fue rodeada por
el mundo bajomedieval y el humanista.
En
teoría, la edificante causa de este "elogio de
la locura" puesto en practica, no fue otra cosa
que suponer que el rey oiría la verdad a través de
los locos, cuya inocencia, a veces inspirada por
Dios, los habría hecho inmunes a cualquier tipo de
intereses particulares sin que por ello estuvieran
reducidos al estado de los necios, estos si
desterrados de palacio. Verdades de loco, espinosas
como erizos de castañas, ásperas como almendras
amargas, pero quien los come halla una dulzura amarga
una amargura dulce.
La
relación de las comidas con la diversión era todo
un tópico, que "a descansar de racionales van
los hombres a los convites". El por que de que
las risas fueran tan frecuentes, e incluso
recomendadas por benéficas al comer, se explica en
el Tratado del Alma de Luis Vives: "por la
alegría y la delectación se dilata el corazón, con
cuyo movimiento se extiende el rostro y en parte
contigua a la boca que llamamos laringe, de donde
viene la risa. Además, internamente, esta se origina
en el diafragma, donde se halla en asiento principal
de la hilaridad, como se observa en el cosquilleo de
los sobacos, donde va a parar". La risa es la
huella de la alegría y el gozo y "estos limpian
la sangre con su calor, afirman la salud y provocan
un color resplandeciente y agradable. Según dice el
Rey Sabio: Un corazón alegre sirve de medicina, un
espíritu triste desea los huesos".
El
humanista español Vives (1492-1540), pide que los
locos sean tratados con caridad y que se les alimente
e instruya bien. (La locura a través de los tiempos)
Platon
distinguía cuatro almas: 1º. el principio inmortal
del animal mortal, ajeno al cuerpo, pero que ordena
su estructura, encerrado en el cráneo; 2º. el alma
de las pasiones, situada en el tórax, por encima del
diafragma, pero que se podía comunicar con el alma
inmortal por el istmo del cuello; 3º. el alma de la
nutrición, situado por debajo del diafragma,
inaccesible al razonamiento; 4º. El alma de la
conjunción carnal, situado por debajo del ombligo.
A
esta teoria se opone la de Aristoteles, que admite la
existencia de una sola alma localizada en el corazon
y da el nombre de facultades del alma a las partes
separadas o almas de Platon.
De
estos conceptos surgen indiscutiblemente
interpretaciones de la locura, pero los primeros
documentos psiquiatricos se encuentran en las obras
de Hipocrates. La mania, la phrenitis y la afeccion
melancolica, resumen todos los conocimientos
psicopaticos de Hipocrates, auqneu tambien hay
referencias al delirio, que divide en delirio alegre
y delirio serio, vinculados casi exclusivamente a los
estados febriles.
Los
autores hipocraticos agregarona estas entidades
nosologicas otros dos grandos sindromes cerebrales:
la epilepsia, o enfermedad sagrada, y la aplopejia,
que no separaban de las enfermedades mentales, porque
"la mania se presenta algunas veces en la
apoplejia y la melancolia y la epilepsia presentan
causas comunes".
La
etiologia de las enfermedades, en general, se vincula
a la influencia telurica (estaciones, clima,
temperatura), al regimen de vida, a la alimentacion.
Asimismo, las enfermedades mentales se vinculan a las
estaciones: la mania, melancilia y epilepsia,
aparecen en primavera y en otono, mientras que la
phrenitis predomina en el invierno.
Surge
la teoria humoral, que admite cuatro humores en el
cuerpo del hombre: la sangre, la pituita, la bilis
amarilla y la bilis negra. Cuando estos elementos se
encuentran en una exacta proporcion de clase, fuerza
y cantidad, y su mezcla es perfecta, existe la salud,
pero cuando se pierde ese equilibrio o uno de esos
humores no se combina con los otros, aparece la
enfermedad.
Celso,
al clasificar las enfermedades mentales, toma de
Hipocrates nada mas que la patogenia de la
melancolia. Procede con espiritu practico y aplica el
criterio clinico. Por eso distingue la phrenitis del
delirio febril, y las alucinaciones son el sintoma
basico de su tercer especie de locura.
Areteo
de Cappadoce ha sido considerado como el primer autor
psiquiatrico. Tomo la teoria humoral de Hipocrates, a
quien cita, y sus conceptos son resultado directo de
la gran cantidad de alienados que observo. Sus ideas
sobre la mania y la melancolia son originales y
aceptadas por todos los psiquiatras hasta el siglo
XVIII.
Galeno,
influenciado por Aristoteles e inspirado por Platon,
al estudiar a Hipocrates, supo aumentar el prestigio
de la obra de este. Los arabes fueron compiladores de
esta obra, y sus libros sirvieron para las primeras
traducciones latinas.
Paracelso,
en el siglo XVI (1526-1541), preconiza la medicacion
quimica y atrae la atencion sobre ella. Pretende,
asimismo, dar una explicacion quimica de la vida.
Vesalio,
en su tratado de anatomia publicado en 1543, refuta
las ideas de Galeno e inicia una corriente fecunda de
observacion.
Ambrosio
Pare hizo una exposicion detallada y clara de la
doctrina humoral de Hipocrates, distinguiendo: 1º.
el hombre sanguineo, en el que predomina ese humor,
es moderado, rojo, alegre y agradable; 2º. El hombre
flematico, cachaciento, perezoso y gordo; 3º. El
hombre colerico, de color cetrino, cuerpo delgado y
debil, muy velludo, rapido y vigilante; 4º. El
hombre melancolico, de rostro obscuro, con mirada
inconstante, triste, tiene suenos espantosos, que
impresionan a causa de los vapores fuliginosos del
humor melancolico que suben al cerebro.
Thomas
Willis domino la neuropsiquiatria durante el siglo
XVII, y aconsejaba la hospitalizacion para proteger a
la sociedad.
A
estos conocimientos, a la clasificacion clasica y
racional de los antiguos, se unio el peso de la
supersiticion, agregando la etiologia demoniaca de la
locura.
La
existencia de alienados en promiscuo y peligroso
contacto con la sociedad, impedia su estudio metodico
y serio. Por regla general, iban a parar a las
carceles, o eran victimas de las mortales condenas de
la Inquisicion. (Beltran)
En la
teoría de los humores y de los elementos, que era
predominante en los siglos XVI y XVII, la alegría se
relacionaba con el humor sanguíneo y el elemento
aéreo con los que compartía las cualidades de
humedad y calor. La tristeza en cambio, concordaba
con la melancolía y la tierra y, como ellas, los
tristes están fríos y secos. Por ultimo se suponía
que el pesado oficio real llevaba aparejada la
melancolía, según Aristóteles, el estado egregio
por excelencia que gozaban y sufrían "todos los
hombres extraordinarios que se destacan en la
filosofía, la política, la poesía y las
artes". La expresión de la alegría que era la
risa se necesitaba para hacer mas ligero el peso que
debían soportar los melancólicos reyes.
La
patología "clásica" de los griegos, la de
Hipocrates y Galeano, consistia en la teoría
humoral, o sea, de los cuatro humores. El cuerpo esta
compuesto de cuatro jugos o "humores":
sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema, que
corresponden respectivamente a los cuatro elementos:
aire, fuego, tierra y agua. Cada humor es
combinación de dos de las cuatro cualidades:
cálido, húmedo, seco, frío. En cada uno de los
cuatro temperamentos (sanguíneo, colérico, bilioso
y flemático) predomina uno de los humores. Todas las
enfermedades resultan de una perturbación en el
equilibrio humoral, por el exceso o la corrupción de
uno de los humores. La melancolía, por ejemplo, es
una enfermedad producida por la hipotética
"bilis negra". (Breve Historia de la
Psiquiatría)
La
correspondencia completa que se establecía entre los
cuatro humores hipocráticos era el siguiente:
| Elemento |
Humor |
Temperamento |
Cualidad común |
| Tierra |
Bilis negra |
Bilioso/Melancolico |
Frialdad y sequedad |
| Agua |
Flema |
Flematico |
Frialdad y humedad |
| Aire |
Sangre |
Sanguineo |
Calor y humedad |
| Fuego |
Bilis amarilla |
Colerico |
Calor y sequedad |
El verde era un color por lo general
asociado a la indumentaria típica de la alegría y
la locura. Dar vestidos era una forma muy tradicional
y nada sorprendente de remunerar a los criados y
entre ellos a los hombres de placer. Color de la
alegría, de la juventud y de la locura, el verde era
color bufonesco por excelencia. Aparece por todas
partes: en medias, ligas, toquillas de sombrero,
mangas, jubones, ropillas, calzones, etc. En el uso
del gorro de cuernos, típico de la iconografía
bufonesca, se encuentra una alusión a la debilidad
del hombre que ha sido burlado por su mujer o que ha
consentido su propio engaño.
Una
forma habitual de reclutar a estos inspirados locos
para palacio era traerlos de las instituciones que
para su reclusión se habían fundado en hospitales
de algunas ciudades españolas, aunque los enfermos
mentales solían ser confinados en cárceles comunes,
y visitarlos parece haber sido una parada obligada
para muchos viajeros de toda Europa y en donde, a
cambio de una generosa limosna. llevaban dementes
para diversión de reyes y nobles.
Debe
tenerse en cuenta que la muy empírica medicina de la
Edad Media y comienzos de la Edad Moderna estuvo
indisolublemente ligada a la religión,
particularmente a la católica. Poca gente mas que
los sacerdotes sabían leer como para tener acceso a
las fuentes que almacenaban los precarios
conocimientos de la época. Por otra parte, era tarea
especifica de los religiosos cuidar de enfermos,
vagabundos y menesterosos como expresión tangible de
la caridad cristiana y deber irrenunciable de su
ministerio. (Salud Publica)
El
Renacimiento es época de profundas contradicciones.
Junto a la despiadada persecución de psicópatas
tildados de hechiceros, observamos por todas partes
señales de una profunda compasión hacia los
desdichados enfermos. Esto se manifiesta en el
establecimiento de numerosas instituciones para
enfermos mentales, particularmente en España, que
por entonces vivía su "edad de oro" en el
orden de la medicina y de la civilización en
general, y donde mas vigorosamente influyo el ejemplo
árabe. Instituciones de este tipo se crearon en
Sevilla, Zaragoza y Valencia. Es también
característico que en el recién conquistado
México, pocas décadas después (1567), el viejo
penitente, ex soldado y conquistador Bernardino
Alvarez, haya abierto asimismo una de esas
instituciones (San Hipolito), la primera de su
especie en el continente americano. La misma piadosa
comprensión hacia los enfermos mentales se
manifiesta además con gran vigor en los escritos del
humanista español Juan Luis Vives (1492-1520).
(Breve Historia de la Psiquiatría)
Es
por España, el mas islamizado país de Europa, por
donde penetran las tradiciones de asistencia
hospitalaria. El ardor de las ordenes monárquicas,
la caridad de los nobles y de los ricos burgueses,
los legados de particulares que habían hecho voto de
pobreza, produjeron una súbita floración de
instituciones caritativas.
Los
religiosos de la Orden de la Merced, fundada en el
año 1218 para el rescate de cristianos cautivos de
los moros, crearon en el año 1409, a imagen de los
establecimientos especiales que habían visto en
Oriente, el Hospital de Valencia.
Probablemente
la orden hospitalaria mas activa es la que funda el
joven Juan Ciudad Huarte, convertido después de una
vida errante y libertina. Se lanza al estudio de los
caracteres y después, preso el mismo de molestias
físicas, decide vivir entre locos y ser tratado como
ellos. Conocido bajo el nombre de San Juan de Dios da
su nombre, en el año 1539, a una orden religiosa
hospitalaria que incluso llegaría a conocerse en
América: los Hermanos de San Juan de Dios, llamados
también Hermanos de la Caridad. Fundan asilos en
Granada, Córdoba y en Roma.
En
Barcelona, un Hospital fundado en 1229 concede, desde
1412, asilo a los alienados. En 1425 Alfonso V
favorece la fundación del asilo de Zaragoza, donde
son tratados con bastante atención los enfermos
mentales. Se les envía a trabajar los campos y se
les procuran ciertas distracciones. En 1436 en
Sevilla y en Valladolid, en 1456 en Palma de Mallorca
y en 1483 en Toledo, donde un nuncio apostólico cede
su propia mansión, los enfermos son socorridos en
establecimientos hospitalarios por los
eclesiásticos. Los locos, que hasta entonces habían
vagado por los campos, que habían estado recogidos
en algunos monasterios o vivían y morían fuera de
las murallas de la ciudad, comenzaron a recibir
atención. En el año 1566 Felipe II los hace
ingresar en el Hospital de Madrid.
| 1409 |
Casa dels Fols de
Valencia |
1409
|
Sevilla |
| 1412 |
Hospital de
Barcelona |
1425
|
Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza |
| 1436 |
Hospital de los
Inocentes de Sevilla |
| 1436 |
Valladolid |
| 1456 |
Palma de Mallorca |
| 1483 |
Casa del Nuncio de
Toledo |
| 1489 |
Hospital de
Valladolid |
| 1566 |
Hospital de Madrid |
| 1567 |
San Hipolito -
Mexico |
La Casa dels Fols de Valencia, fundada
por Gilabert Jofre, será elegido por Lope de Vega
como escenario de dos de sus obras mas conocidas: Los
locos de Valencia y El Peregrino en su Patria, donde
la fundación valenciana es alabada por "la
mayor comodidad de limpieza, aseo y cuidado de
aquellos a quien les falta (el seso)".
La
desnudez era considerada característica de la locura
furiosa. Si rasgarse las ropas y despojarse de ellas
es signo del que ha perdido el juicio, el vestirse lo
es de que ha sido recuperada la razón. En las
instituciones en que estaban recluidos, los locos
iban en camisa y si se curaban les eran devueltas sus
prendas. Cervantes, en el Quijote, menciona el caso
de un loco al que se da por curado en el Hospital de
los Inocentes, diciendo que "el se vio vestido
de cuerdo y desnudo de loco" al habérsele
devuelto sus prendas.
Parece
ser que el remedio que se utilizaba con los locos
furiosos eran narcóticos, aunque a veces su exceso
provocara la muerte.
No
hay por que ir a buscar locos y truhanes lejos de la
corte: esta los producía por si sola y en gran
numero, incluyendo monarcas, nobles y sirvientes.
Antes
que ello ocurriera, los monarcas de la Casa de
Austria hubieran podido apelar a mas de una de sus
herencias familiares para explicar su afición por
rodearse de ellos. Juan I de Castilla (Juana la Loca)
atacada de locura melancólica. De Felipe III se
cuenta que era enfermizo y melancólico. Carlos II
(1661-1700), conocido como el Hechizado, era débil,
enfermizo y retrasado mental. Con frecuencia era
atacado por violentas fiebres que lo postraban en
cama; apenas subía a un carruaje, los vómitos lo
obligaban a desistir del viaje, y cuando estaba al
aire libre le supuraban los ojos. El apelativo que le
diera el pueblo se debía a su lamentable estado
físico el cual era atribuido a influencias
diabólicas.
Cristóbal
de Vega, médico de cámara del Infante Don Carlos,
hijo de Felipe II, puede pasar por el primer
psiquiatra español. En sus obras, publicadas en
1576, se encuentra una minuciosa descripción de la
melancolía y de ciertas afecciones maníacas.
La
época, el espíritu colectivo y el pensamiento
social de toda la Europa de los siglos XVI, XVII y
XVIII, estaban dominados, en mayor o menor grado, por
la superstición. Una lamentable intransigencia
caracterizo los actos de gobierno, inspirado y a
veces suplantado por el Tribunal de la Inquisición.
Esa fe deformada, que llego a convertirse en
superstición intransigente, fue invadiendo todos los
aspectos de la cultura de la época, hasta
infiltrarse en el criterio medico, influyendo
poderosamente en los problemas psiquiátricos.
La
creencia en el diablo sirvió de base a esa
influencia supersticiosa en la patología mental, y
así se formó el grupo de las demonopatias.
Las
enfermedades fueron consideradas exclusivamente como
pruebas o castigos enviados por Dios. Y como las
enfermedades nerviosas y mentales se presentaban con
caracteres tan extraordinarios y fantásticos para el
pueblo atemorizado por la superstición, se penso que
eran el resultado de una influencia diabólica.
Los
mismos enfermos aportaron a este concepto falsos
elementos de juicio que lo robustecían. En su
delirio exteriorizaban la gravitación que sobre su
mentalidad habían tenido las ideas colectivas, la
superstición y el fanatismo. Atribuían sus
padecimientos al diablo, que, algunas veces, actuaba
a su alrededor, y otras, se encontraba dentro de su
cuerpo. En el primer caso se trataba de una
obsesión, en el segundo de una posesión.
Los
alucinados afirmaban que uno o varios diablos los
amenazaban desde afuera, les hablaban, los
perseguían. Este síndrome constituía la
demonopatia externa, de obsesión. Otros enfermos
habían sido "poseídos" por el diablo que,
alojado en sus cuerpos, los convertía en esclavos de
su voluntad, quitándoles el control de sus
pensamientos. El que habla, grita y piensa es el
demonio. El enfermo no puede impedirlo. Este
síndrome constituía la demonopatia interna, de
posesión.
El
tratamiento de estos enfermos era una consecuencia
directa de la superstición. Como se les tenia por
inocentes víctimas de una irrupción diabólica, se
intentaba curarlos con exorcismos y con el auxilio de
los sacramentos, suplantando la medicina con el
dogma.
En
enero de 1481 el Santo Oficio se instala en Sevilla.
En 1483: Córdoba, Jaén, Toledo y Villarreal. En
1485: Valladolid, Calahorra, Murcia, Cuenca, Zaragoza
y Valencia. En 1487: Barcelona y Mallorca.
Su
campo de acción es la defensa de la fe católica, la
caza de los herejes, la extirpación del error; le
echan la culpa primero a los judaizantes, después,
en el siglo XVI, se apuntara a las sectas
seudo-misticas, a los protestantes y, nuevamente, a
los judaizantes. De forma accesoria, la Inquisición
reprimirá también la homosexualidad (el vicio que
no tiene nombre, el pecado nefando), la bigamia, los
excesos de los sacerdotes, la brujería. Los
procedimientos de la Inquisición pueden durar meses
o, incluso, años. Las penas que pronuncia pueden ir
desde la simple abjuración hasta la muerte en la
hoguera pasando por la penitencia, la cárcel, las
galeras, la flagelación, el exilio. Todas estas
penas van acompañadas por la confiscación de los
bienes. (La España de los Reyes Católicos) Treinta
muchachas perecieron en las llamas en Calahorra en el
año 1507. Hacia el año 1530, en España,
cierto numero de mujeres esparcieron el rumor de que
para ellas era suficiente frotarse la piel con
excrementos de reptiles o de cuervos para que les
fuese otorgada la facultad de elevarse en el aire.
Aseguraban que a la noche realizaban estragos
abominables entre los animales domésticos y hacían
perecer a los niños. Ciento cincuenta de ellas
fueron azotadas en Estella y las demás quemadas en
Zaragoza.
Los
Sanjuanistas
La
Primera Orden, Cronológicamente hablando, es la
Orden Militar de San Juan de Jerusalem o de
Caballeros Hospitalarios. Ya en 1048, medio siglo
antes de la primera cruzada, unos mercaderes de
Amalfi habian fundado en Jerusalem un hospital bajo
la advocación de San Juan Bautista para recoger a
los peregrinos que se enfermaban. Esta institucion de
caridad prosperó sobre todo desde que llegaron los
cruzados de Godofredo de Boullion, el cual hizo
grandes grandes donaciones al hosptal, y muchos de
sus caballeros se afiliaron a la hermandad
hospitalaria, gracias a la cual pudo esta fundar
filiales en Italia Y Francia.
Estos
hospitalarios tomaron forma de congregación
religiosa bajo la Regla de San Agustin, con
aprobación de Pascual II, en 1113. Entró a
gobernarla el caballero frances Raimundo de Puy
quien, hacia 1137, la transformo en Orden Militar,
comprometiendose sus integrantes a empuñar las armas
en defensa de la religión. El mismo Raimundo de Puy
redactó la nueva regla, confirmada por Lucio III en
1184. Al tomar caracter militar, no hicieron otra
cosa sino imitar a los Templarios, fundados poco
antes.
Los
Sacerdotes atendían al culto divino y a la atención
de los enfermos en los hospitales, mientras los
Caballeros se batían bravamente con los Turcos por
la conquista y defensa de Tierra Santa . Al caer en
1291 San Juan de Acre, la última Plaza Fuerte de
Palestina, el Gran Maestre, Juan de Villiers,
gravemente herido, se retiró con los suyos a la isla
de Chipre. Desde allí, el Gran Maestre Fulco de
Villaret atacó a Rodas y la conquistó en 1310. Se
les dió entonces el nombre de Caballeros de Rodas.
El
hecho de no haber abandonado nunca su carácter de
hospitalarios, conforme a su cuarto voto de
consagrarse en favor de los pobres y en defensa de la
fé, les atrajo mucha simpatía.
Los
Teutónicos
Esta
orden tuvo su origen durante la Tercera Cruzada. Un
grupo de peregrinos de Bremen y Lubeck instalaron un
hospital en el campamento militar que sitiaba a San
Juan de Acre para atender a los soldados y peregrinos
enfermos de habla alemana. En la esperanza de
reconquistar pronto la ciudad de Jerusalén y de
establecerse allí, se llamó "Hospital de
Nuestra Señora de los Alemanes de Jerusalén".
En
1191, Clemente III aprobó aquella asociación sobre
la base de las reglas de los Sanjuanistas, a los que
se parecían en gran manera. Llevaban capa blanca,
como los templarios pero con una cruz negra. Desde
1198 se enfatizó su carácter militar, quedándole
subordinado el hospitalario. Una de sus campañas
militares más brillantes fue la del asedio de
Damieta en 1219. El Gran Maestre de la Orden
Teutónica, Hermann de Salza, fue elevado por
Federico II a la dignidad de Príncipe del Imperio.
Poco después el Gran Maestre, juzgando quizás, que
Tierra Santa, tarde o temprano, estaba destinada a
ceder ante el Islam, lanzo su Orden a la conquista de
la Prusia pagana, empresa que demandaría mas de
cincuenta años, y acabaría con la conversión de
los Prusianos al Cristianismo.
Esta
Orden conocería un tristísimo fin. En 1525, su Gran
Maestre, Alberto de Branderburgo, se hizo Luterano,
convirtiéndose el gran territorio por el gobernado
en un Ducado laico y protestante. Así terminó la
historia de dicha Orden, si bien una rama católica
perduró en Mergentheim y luego en Austria, y otra
protestante en los Países Bajos.